Miguel de Unamuno

“El maestro que enseña jugando, acaba jugando a enseñar. El alumno que aprende jugando, acaba jugando a aprender” Miguel de Unamuno.

Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864-Salamanca, 1936). Socialista, republicano, desencantado, «español español». De abolengo vizcaíno, halló su patria espiritual en Salamanca, donde se estableció con su mujer Concha Lizárraga, que le daría nueve hijos. Tras conseguir plaza de Catedrático de Griego, se convirtió en Rector de la Universidad, con sólo treinta y seis años. Su oposición a la monarquía de Alfonso XIII y a la dictadura de Primo de Rivera le costó el cargo y el destierro en Fuerteventura. Aunque es indultado a los pocos meses, rechaza volver a España y se instala en Hendaya, tras una pequeña temporada en París. Cuando cae Primo de Rivera, Unamuno regresa. Celebra la llegada de la República, que le devuelve su puesto de rector, y se presenta a las elecciones parlamentarias, obteniendo un escaño como candidato independiente de la coalición republicano-socialista. No tarda en desencantarse, renunciando a presentarse en los comicios de 1933. Se jubila, pero es nombrado rector vitalicio a título honorífico y se crea una cátedra con su nombre. En 1935 se le concede la distinción de ciudadano de honor de la República, pero eso no impide que manifieste su disconformidad con las reformas emprendidas en el terreno político y religioso, convirtiendo a Manuel Azaña en blanco de su ira, con un encono difícilmente excusable.

Cuando se produce la rebelión militar, cree que los espadones son regeneracionistas pero la brutalidad de la represión en la retaguardia franquista –que acaba con la vida de algunos de sus mejores amigos, como el alcalde republicano de Salamanca Pietro Castro, el periodista socialista José Sánchez Gómez y el pastor anglicano Atilano Coco- le revela que ha cometido un trágico error.

El 12 de octubre de 1936 se celebra el Día de la Raza en el paraninfo de la Universidad de Salamanca. Unamuno ha sido destituido por Azaña y Franco le ha repuesto en el cargo, pero ese gesto no ha logrado ofuscar su juicio. Después de escuchar a varios oradores vilipendiando a Cataluña y el País Vasco, Unamuno –que lleva en el bolsillo una carta de la esposa de Atilano Coco, suplicando clemencia- libera su indignación y exclama: «La nuestra es sólo una guerra incivil. Vencer no es convencer […] y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión». Millán-Astray responde con un histérico: «¡Viva la muerte!». Franco le destituye como rector y pasa el resto de sus días en un discreto arresto domiciliario. Se le permite entrevistarse con el periodista Kazantzakis, al que declara: «No soy fascista ni bolchevique; soy un solitario». Poco después, escribe a Lorenzo Giusso: «La barbarie es unánime. […] Ha brotado la lepra católica y anticatólica. Aúllan y piden sangre los hunos y los hotros».

Muere el 31 de diciembre de 1936, mientras hablaba en su domicilio de la calle Bordadores con el falangista, profesor de Derecho y antiguo alumno Bartolomé Aragón. A pesar de su enfrentamiento con los sublevados, los falangistas convierten su entierro en un acto de exaltación nacional.

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Producción literaria.

Unamuno creó un nuevo género, la «nivola», que representó la superación de la novela realista, con su aparatosa escenografía: caracterización psicológica, ambientación meticulosa, narración omnisciente en tercera persona.

  • Niebla (1907). Augusto Pérez, un soltero económicamente muy solvente y de edad indeterminada, aunque ya maduro para la época en que transcurre la acción (principios del S. XX, igual tenía 30 añitos de nada), se enamora perdidamente de Eugenia Domingo del Arco, una chica de muy buen ver, huérfana, que vive con sus tíos y da clases de piano para sustentarse. Ella, sin embargo, tiene un novio un poco canalla, Mauricio, a quien no le gusta trabajar y que no quiere casarse por no tener que buscar un empleo, pero por otro lado tampoco admite que sea Eugenia quien le mantenga con sus clases una vez casados. Entre Augusto y Eugenia comienza un tira y afloja en el campo de los sentimientos donde seremos testigos de toda clase de jugarretas, algunas muy sucias, otras no tanto, con las que cada contrincante querrá hacer valer sus intereses.
  • Abel Sánchez (1917), un descenso vertiginoso al pozo de las emociones primarias, donde el odio lucha ferozmente contra el amor. Reproduce la crisis espiritual que experimentó el escritor la noche del 23 de mayo de 1897, y anticipa la tragedia colectiva que dividió a España en 1936. En Abel Sánchez, Unamuno se rebela contra la idea de ser otro, pero entiende que querer y ser querido implica una relajación del yo, semejante a la que se produce en la relación entre madre e hijo.
  • La idea de la mujer como madre y redentora se repite en San Manuel Bueno, mártir (1931), una auténtica obra maestra que escenifica el drama interior del párroco de Valverde de Lucerna, un pueblecito de Zamora con un hermoso lago. Ángela Carballino narra el sacrificio de Manuel Bueno, que ha perdido la fe, pero finge conservarla por el bien de sus parroquianos. Cuando invirtiendo los papeles le pide la absolución, ella se siente ungida por el misterio del sacerdocio y se la concede «en nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo». Al salir de la iglesia, «se me estremecían las entrañas maternales», escribe Ángela, con un dolor semejante al de la Virgen en el Gólgota.
  • La tía Tula (1921) es otro de los grandes logros narrativos de Unamuno. Gertrudis, a la que todos llaman tía Tula, no tiene hijos, sino sobrinos, pero asume ser su madre cuando muere su hermana Rosa. Ramiro, su cuñado, hubiera deseado casarse con ella, y aprovecha su viudez para sincerarse, pero la tía Tula le rechaza: «Acaso he tenido una idea inhumana de la virtud, [pero] te lo confieso, el hombre, todo hombre, […] me ha dado miedo siempre; no he podido ver en él sino el bruto. Los niños, sí; pero el hombre… He huido del hombre».
  • En Cómo se hace una novela (1928), escrita en Hendaya, Unamuno habla una vez más de Dios, España, la política rebajada a «ideocracia» y la lucha del yo para no diluirse en el nosotros. 
  • Del sentimiento trágico de la vida (1912) es uno de los momentos estelares del ensayismo español. Postula la idea de un Dios-Hombre, del Dios encarnado en Jesús de Nazaret, que acompaña al ser humano en su sufrimiento y nos salva de la finitud: «A Dios no le necesitamos ni para que nos enseñe la verdad de las cosas, ni su belleza, ni nos asegure la moralidad con penas y castigos, sino para que nos salve, para que no nos deje morir del todo».
  • Unamuno expresa el mismo anhelo en El Cristo de Velázquez (1920), un largo poema compuesto por 2.500 endecasílabos, fruto de siete años de trabajo: «¡Sin Ti, Jesús, nacemos solamente / para morir; contigo nos morimos / para nacer y así nos engendraste».

Al igual que Azorín, Unamuno sufre un lento e injusto declive. La sensibilidad contemporánea se mueve en otra dirección, pero los clásicos son atemporales y pueden soportar la indiferencia de varias generaciones. «Más vale equivocarse con alma que sin ella», escribió Unamuno. Yo apuesto con alma que Unamuno volverá a encender pasiones por su profunda, intensa y sincera búsqueda de la verdad.

El último día de vida de Miguel de Unamuno, el 31 de diciembre de 1936.

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¿Pudo Miguel de Unamuno vaticinar su muerte? 

Julián Marías, célebre filósofo, se encontró con ese amigo falangista mucho después y éste estaba terriblemente asustado. ¿Por qué? El falangista se lo contó: ese diciembre del 36, con Unamuno a punto de morir, había leído un poema firmado por don Miguel fechado el 31 de dic. de 1906. Es decir, 30 años antes, día por día. Increíblemente, el poema contaba cómo él, Unamuno, moría de un ataque en su cuarto un 31 de diciembre. Justo un 31 de diciembre. Y justo 30 años antes. 

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Fuente: aquí.

Unamuno nunca se abstuvo de opinar. Jamás le preocupó ser incómodo e intempestivo. Se le consideraba el perfecto ejemplo de escritor finisecular, condenado a debatirse entre la fe y la razón, la espiritualidad y el progreso material, la ensoñación utópica y la nostalgia por el mundo preindustrial. En las postrimerías del franquismo, Unamuno perdió su primado. Se le acusó de egocéntrico y reaccionario. Se dijo que su poesía era de otra época y sus ensayos una colección de dislates. Su beligerante españolismo y su cristianismo agónico propiciaron los juicios sumarísimos. 

Para leer en clase:

Para el futuro: curiosear: https://alumni.usal.es/la-ultima-leccion-de-miguel-de-unamuno/

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Valle Inclán y Luces de bohemia

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Trabajo realizado por María Bravo. Sublime.

 

Audiovisual montado por Jesús Giménez Zapata.

Amor, Juan Ramón Jiménez

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Poema recitado por Ana Pizarro, Carmen Terrero, Carmen Gil, Andrea López, Inés Beristain y María Bravo. A mi parecer, precioso.

Antonio Machado

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Audiovisual realizado por Marina Rodríguez Núñez con motivo de las exposiciones orales realizadas por el alumnado de 4ºESO.

Maravilloso trabajo.

Modernismo y generación del 98

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Una vez que pinchemos en la imagen, tendremos acceso al esquema en tamaño real. Se ha utilizado la herramienta web mindomo.
Modernismo y Generación 98

Estatuas lectoras. Antonio Machado

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Las estatuas lectoras tienen, desde hoy, una nueva hermana; se encuentra en Baeza, y le debo a Inma la fotografía. Aprovecho la ocasión para agradecerle públicamente el gesto.

Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía…
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!

Antonio Machado, Campos de Castilla, 1912