Nota de corrección a la entrada relacionada con el poeta Ángel González

Estimada Susana:

Podría haber elegido el correo personal, privado, para contestarle, pero ha sido tal el halago que he sentido al abrir mi blog y ver su contestación que he decidido compartir con todo aquel que entre en el blog sus palabras. Creo que tendré un dato muy valioso cuando este año, cuando llegue al siglo XX, pueda decir sobre Ángel González que no volvió a vivir en España tras su jubilación, sino en Nuevo México…no obstante, algo de él siguió residiendo en España. Pero lo valioso de este dato no reside tanto en el dato bigráfico, sino en lo especial que supone que usted (o tú, si me lo permite) me haya informado, documentado. Desde mi más humilde rinconcito de la red quiero mandar un “penúltimo” homenaje a Ángel y, para ello, he elegido sin esperanza, con convencimiento y he localizado un poema que desde una selectividad compartieron los andaluces:

MENDIGO

Es difícil andar
si se ignoran
las vueltas del camino,
si se duda
la firmeza del suelo que pisamos,
si se teme
que la vereda verdadera
haya quedado atrás,
a la derecha
de aquellos pinos…
(…o quién sabe
si perdiéndose en otra primavera
hace tiempo,
cuando una
cálida brisa me empujó hacia el Sur,
y yo pensé:
«el viento quizá sepa»,
y uní a él mi destino,
y seguí andando,
y llegué hasta esta orilla
de mi vida
donde
—después de tanto esfuerzo—
me he sentado
a recibir
lo que los transeúntes quieran darme.)

—Una sonrisa para este vagabundo,
caballero.

—Dejad en mis pupilas,
bondadosa señora,
algo de la belleza y de la luz
que hay en vuestra mirada también triste.

Lo que los transeúntes quieran darme.

Un afectuoso saludo, Susana.

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Ángel González. ¿Cómo seré cuando no sea yo?

(Oviedo, 1925 – Madrid, 2008) Poeta español. Adscrito a la Generación del 50, el tono irónico de su obra implica la superación de la poesía social de posguerra. En la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid conoció a Vicente Aleixandre, quien lo animó a publicar sus poemas. Motivos laborales lo trasladaron a Sevilla y a Barcelona, donde entró en contacto con Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma, entre otros poetas.

En 1972, se trasladó a Estados Unidos como profesor de Literatura española contemporánea en la Universidad de Nuevo México, Albuquerque. Tras su jubilación, regresó a España en febrero de 1994, y en 1996 fue designado miembro de la Real Academia Española. En 1985 había recibido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Considerado como uno de los máximos representantes de la denominada “poesía social” entre los poetas de la Generación del 50, su recurso al escepticismo y la ironía como instrumentos de crítica de la sociedad española destacaba ya en su obra Áspero mundo. El uso de la ironía como medio de eludir la censura está también presente en su segundo libro, Sin esperanza, con convencimiento (1961), nueva muestra de una poesía testimonial que alcanzó su madurez en Grado elemental (1962), obra galardonada con el Premio Antonio Machado.

¿Cómo seré
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.

Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.