La Edad Media

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Edad Media

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Cuento V. Lo que sucedió a una zorra con un cuervo que tenía un pedazo de queso en el pico

Cómic realizado por Ana Rosa Jiménez Vázquez (IES Pablo Neruda, Castilleja de la Cuesta), curso 2016/2017.

La importancia de leer los clásicos y las partes de un libro

Vídeo

Rafa R. Olmo

Coplas a la muerte de su padre, Jorge Manrique

Audición de las coplas en youtube.

Audición de las coplas en ivoox.

http://www.ivoox.com/jorge-manrique-coplas-muerte-su_md_274542_wp_1.mp3″

Tanto para las audiciones de youtube como ivoox, mis mayores agradecimientos a Manolo.

No me gustaría finalizar sin lanzar la siguiente pregunta: ¿fueron todas las coplas escritas después de la muerte de su padre? Salgamos de dudas.

Gonzalo de Berceo y los Milagros de Nuestra Señora (Siglo XIII). Milagro XVI: el niño judío

Es el principal representante del mester de clerecía en el siglo XIII y el primer autor español de nombre conocido. Su vida estuvo vinculada a los monasterios de San Millán de la Cogolla (Logroño) y Santo Domingo de Silos (Burgos). Se conservan nueve obras suyas, todas escritas en cuaderna vía, entre las que destacan:

– Vidas de Santos: Vida de Santo Domingo de Silos, Vida de San Millán de la Cogolla, Vida de Santa Oria.

– Obras dedicadas a la Virgen: Los Milagros de Nuestra Señora.

Esta obra es una colección de veinticinco milagros, inspirados en una colección de relatos marianos escritos en latín. En ellos el autor quiere mostrar la beneficiosa influencia de la Virgen en la vida de los hombres.

Berceo no inventa, sólo pretende difundir en lengua romance las historias marianas, por eso busca un lenguaje sencillo, un habla familiar que entienda el pueblo, y recurre con frecuencia a comparaciones tomadas del mundo campesino, a nombres de utensilios domésticos, a refranes, etc.

En esos milagros aparecen continuas llamadas de atención al espectador-oyente, pues hay que imaginar que Berceo, que se llama a sí mismo juglar de santos, escribiría sus obras para recitarlas a sus amigos, a la gente de la parroquia y a los propios monjes.

Amigos y vasallos de Dios omnipotente,

si escucharme quisierais de grado atentamente,

yo os querría contar un suceso excelente:

al cabo lo veréis tal, verdaderamente.

En general, todos los milagros responden a la misma estructura, en la que se observan tres partes diferenciadas: tentación por parte del diablo, caída del pecador y milagro de la Virgen en ayuda del pecador.


MILAGRO XVI. El niño judío



En la villa de Borges, una ciudad extraña,

aconteció en un tiempo una famosa hazaña,

sonada es en Francia, lo mismo en Alemania,

semejante a un milagro, de tal tiene calaña.


Un monje la escribió, hombre bien verdadero,

de San Miguel de Clusa él era monje austero;

era en aquel tiempo en Borges hostalero,

Pedro era su nombre, soy en esto certero.


Tenía en esta villa, pues era menester,

un clérigo una escuela de cantar y leer,

tenía muchos discípulos para allí aprender,

hijos de buenos hombres que más querían valer.


Venía un niño judío, natural del lugar,

por sabor de los niños, con ellos a jugar;

acogíanlo los otros, no le daban pesar,

tenían con él todos gusto de solazar.


En el día de Pascua, domingo, a la mañana,

cuando la Comunión toma la grey cristiana,

sintió el niño judío de comulgar gran gana,

comulgó con los otros el Cordero sin lana.


Mientras que comulgaban, con una gran premura,

alzó el niño judío la mirada a la altura,

y vio sobre el altar una bella figura,

una dama hermosísima con gentil criatura.


Vio cómo esta dama que sentada allí estaba

a grandes y a chicos de comulgar les daba;

gustole Ella mucho, cuanto más la miraba

de su gran hermosura más se enamoraba.


Salió de la iglesia alegre y contentado,

fue enseguida a su casa, como estaba avezado,

amenazolo el padre, porque había tardado,

pues merecedor era de ser así hostigado.


Padre –le dijo el niño– no os negaré yo nada,

pues con niños cristianos me fui de madrugada;

con ellos oí misa, ricamente cantada,

y comulgué con ellos la hostia consagrada.


Pesole mucho esto al malaventurado

como si lo tuviese ya muerto o degollado;

no sabía en su gran ira qué hacer el endiablado,

hacía malos gestos como un endemoniado.


Tenía en su casa este perro traidor

un horno grande y fiero que causaba pavor,

hízolo calentar el loco pecador,

de modo que echaba un soberbio calor.


Tomó este niñito el falso descreído,

así como él estaba, calzado y vestido,

dio con él en el fuego, bravamente encendido:

¡mal le venga a tal padre que tal hace a su hijo!


Metió la madre voces, una gran gritería,

tenía con sus uñas las mejillas heridas;

hubo allí muchas gentes en un rato venidas,

de tan feroces quejas estaban aturdidas.


El fuego, aunque bravo, tuvo comedimiento,

ni lo dañó en un punto, mostrose bien atento;

el niñito del fuego se salvó bien exento,

hizo el Rey Poderoso un milagro al momento.


Estaba en paz el niño en el horno voraz,

en brazos de su madre no hallaría más paz:

no preciaba este fuego más que a otro rapaz,

pues le hacía la Gloriosa compañía y solaz.


Saliose de la hoguera sin ninguna lesión,

el calor no sintió más que otra sazón,

no tuvo tacha alguna, ni una tribulación,

pues había Dios puesto en él su bendición.


Preguntáronle todos, ya judío o cristiano,

cómo pudo vencer fuego tan soberano;

cuando no era dueño de su pie ni su mano

que quién lo sostenía allí dentro tan sano.


Respondioles el niño palabra señalada:

«La señora que estaba en la silla dorada

con su Hijo en los brazos, sobre el altar sentada,

ésta me protegía y no sentía nada.»


Entendieron que era Santa María ésta,

que ella lo protegió de tempestad funesta;

cantaron grandes laudes, hicieron rica fiesta,

pusieron el milagro entre la otra gesta.


Cogieron al judío, al falso desleal,

aquél que a su niñito hiciera tan gran mal;

atáronle las manos con un fuerte dogal,

y dieron con él dentro de aquel fuego caudal.


En menos que se cuentan unos pocos pepiones

el hombre fue tornado en ceniza y carbones:

no decían por su alma ni salmo ni oraciones,

mas decían denuestos y grandes maldiciones.


Decíanle mal oficio, hacíanle mala ofrenda,

decían por pater noster: «Cual hizo, que tal tenga»;

de la comunicanda nuestro Dios nos defienda,

para el demonio sea esta maldita prenda.


Tal es Santa María, la que es de gracia plena,

por servicio da gloria, por no servicio pena;

a los buenos da trigo, a los malos avena,

los unos van al cielo, los otros en cadena.


Quien servicio le hace tiene buena ventura,

quien no le hizo servicio nació en hora dura,

los unos ganan gracia, los otros su amargura,

a los buenos y malos sus hechos los mesura.


Los que injurias le hacen, los que no le sirvieron,

sus mercedes ganaron, si bien se lo pidieron:

nunca repudió Ella a los que la quisieron,

ni les devolvió airada el mal que le hicieron.


Por probar esta cosa que dicha os tenemos

digamos un ejemplo hermoso que leemos:

cuando esté va contado mejor lo creeremos,

de buscarle pesar más ya nos guardaremos. 

 

 

El arcipreste de Hita y el Libro del buen amor (Siglo XIV)

A pesar de la gran cantidad de estudios, la figura del Arcipreste de Hita sigue siendo un enigma. Se cree que nació en Alcalá de Henares. Pudo haber escrito parte de su obra en prisión. Se supone que alcanzó diversos cargos eclesiásticos, entre ellos el de Arcipreste de Hita.

El siglo XIV supone un momento de crisis y de quiebra del sistema feudal en toda Europa. La literatura del momento se contagia de ese ambiente de crisis y decadencia, y produce obras de escaso valor. El Arcipreste nos ofrece en El Libro de Buen Amorla particular visión de un clérigo ante un mundo que se desmorona por la llegada de los nuevos valores. El libro se convierten así en una auténtica sátira de la sociedad, encubierta bajo la apariencia de un tratado amoroso.

Desde el punto de vista literario, cuando Juan Ruiz escribe su obra conviven dos tendencias diferentes, el mester de clerecía y el mester de juglaría. Aunque el libro pertenece al mester de clerecía, toma, como ocurre con Berceo, elementos de cada una de ellas. Como los juglares, se dirige constantemente a los oyentes, pero se sirve preferentemente de la cuaderna vía a la hora de escribir, aunque también se sirve de otros tipos de versos de arte menor.

El Libro de Buen Amor es una obra miscelánea, es decir, trata de muy diversos temas, en más de siete mil versos (3.700 estrofas). El hilo conductor del libro es una autobiografía ficticia, en la que Juan Ruiz se presenta como galán que expone un amplio repertorio de posibilidades amatorias (de la pastora a la gran dama, de la soltera a la casada, de la mora a la monja). Pero con ello se mezclan discusiones sobre el amor, sermones morales, fábulas, sátiras, cantigas profanas (como las de serrana), o religiosas (en especial, a la Virgen), etc.

Esta obra ha dado lugar a interpretaciones muy diversas, derivadas de la propia ambigüedad que plantea el mismo autor ya desde el prólogo: “Y Dios sabe que mi intención no fue hacer por dar ocasión de pecar ni por mal hablar; sino que fue por traer a toda persona a memoria buena de bien obrar, y dar ejemplo de buenas costumbres, y consejos de salvación, y para que todos sean apercibidos y se puedan mejor guardar de tantas maestrías como algunos usan para el loco amor [el amor mundano].” Es decir, Juan Ruiz manifiesta una clara actitud didáctica al pretender mostrar los peligros del “loco amor” y la necesidad de alejarse de él y de volver al “buen amor”. En cambio, en el mismo prólogo, el autor explica que su obra también puede servir de guía de actuación para los enamorados, aunque desaconseje esta utilización: “Sin embargo, como es humana cosa el pecar, si algunos -lo que no les aconsejo- quisieran usar del loco amor, aquí hallarán algunas maneras para ello.”

El Arcipreste no sigue ningún escrito base, como es el caso de Berceo, pero, eso sí, se inspira en diversas fuentes de la tradición europea y árabe.

Para muchos estudiosos, el Libro de Buen Amor es un reflejo del choque que se vive en el siglo XIV entre los viejos valores y las nuevas ideas que nacen en el seno de la burguesía emergente. En este sentido, la lucha entre el loco amor y el buen amor puede ser interpretada como el enfrentamiento entre las ideas religiosas típicamente medievales y las nuevas costumbres burguesas, más apegadas a los placeres terrenales.

Don Amor alecciona al Arcipreste entre las estrofas 423 y 549. En estas estrofas le da una serie de pautas. Así, le dice al Arcipestre lo siguiente:

CONDICIONES QUE HA DE TENER UNA MUJER PARA SER BELLA (429-435)

Si quieres amar dueñas    o a cualquier mujer
muchas cosas tendrás    primero que aprender
para que ella te quiera    en amor acoger.
Primeramente, mira    qué mujer escoger.
Busca mujer hermosa,    atractiva y lozana,
que no sea muy alta    pero tampoco enana;
si pudieras,  no quieras    amar mujer villana,
pues de amor nada sabe,    palurda y chabacana.
Busca mujer esbelta,    de cabeza pequeña,
 cabellos amarillo    no teñidos de alheña;
las cejas apartadas,    largas, altas, en peña;
ancheta de caderas,    ésta es talla de dueña.
Ojos grandes, hermosos,    expresivos, lucientes
 y con largas pestañas,    bien claras y rientes;
las orejas pequeñas,    delgadas; para mientes
si tiene el cuello alto,    así gusta a las gentes.
La nariz afilada,    los dientes menudillos,
 iguales y muy blancos,    un poco apartadillos,
las encías bermejas,    los dientes agudillos,
los labios de su boca    bermejos, angostillos.
La su boca pequeña,    así, de buena guisa
su cara sea blanca,    sin vello, clara y lisa,
conviene que la veas    primero sin camisa

pues la forma del cuerpo    te dirá: ¡esto aguisa!

1. Resume el argumento.

2. Indica en qué tipo de estrofa está escrito el poema, qué verso y rima emplea su autor.

3. Según lo leído en estos dos fragmentos, ¿cómo es el tópico de belleza que se destaca?

4. En el libro del buen amor encontramos el antecedente literario de la Celestina, personaje central de la obra de Fernando de Rojas. Busca información sobre Trotaconventos y elabora una comparativa entre ambos personajes.

NECESIDAD DE UNA VIEJA MENSAJERA Y CONDICIONES QUE ESTA HA DE TENER (436-449)

Si le envías recados, sea tu embajadora
una parienta tuya; no sea servidora
de tu dama y así  no te será traidora:
todo aquel que mal casa, después su mal deplora.

Procura cuanto puedas que la tu mensajera
sea razonadora sutil y lisonjera,
sepa mentir con gracia y seguir la carrera
pues más hierve la olla  bajo la tapadera.

Si parienta no tienes, toma una de las viejas
que andan por las iglesias y saben de callejas;
con gran rosario al cuello saben muchas consejas,
con llanto de Moisés encantan las orejas.

Estas pavas ladinas son de gran eficacia,
plazas y callejuelas recorren con audacia,
a Dios alzan rosarios, gimiendo su desgracia;
¡ay! ¡las pícaras tratan el mal con perspicacia!

Toma vieja que tenga oficio de herbolera
que va de casa en casa sirviendo de partera
con polvos, con afeites y con su alcoholera
mal de ojo hará a la moza, causará su ceguera.

Procura mensajera de esas negras pacatas
que tratan mucho a frailes, a monjas y beatas,
son grandes andariegas, merecen sus zapatas:
esas trotaconventos hacen muchas contratas.

Donde están tales viejas todo se ha de alegrar,
pocas mujeres pueden a su mano escapar;
para que no te mientan las debes halagar
pues tal encanto usan que  saben engañar.

De todas esas viejas escoge la mejor,
dile que no te mienta, trátala con amor,
que hasta la mala bestia vende el buen corredor
y mucha mala ropa cubre el buen cobertor.

Si dice que tu dama no tiene miembros grandes,
ni los brazos delgados, luego tú le demandes
si tienes pechos chicos; si dice sí, demandes
por su figura toda, y así seguro andes.

Si tiene los sobacos un poquillo mojados
y tiene chicas piernas y largos los costados,
ancheta de caderas, pies chicos, arqueados,
¡tal mujer no se encuentra en todos los mercados!

En la cama muy loca, en la casa muy cuerda;
no olvides tal mujer, su ventajas acuerda.
Esto que te aconsejo con Ovidio concuerda,
y para ello hace falta mensajera no lerda.

Hay tres cosas que tengo miedo de descubrir,
son faltas muy ocultas, de indiscreto decir:
de ellas, muy pocas mujeres pueden con bien salir,
cuando yo las mencione se echarán a reír.

Guárdate bien que no sea vellosa ni barbuda
¡el demonio se lleve a la pecosa velluda!
Si tiene mano chica, delgada o voz aguda,
a tal mujer el hombre de buen seso la muda.

Le harás una pregunta como última cuestión:
si tiene el genio alegre y ardiente el corazón;
si no duda, si pide de todo la razón
si al hombre dice sí, merece tu pasión.

RETRATO DEL ARCIPRESTE (1485-1488)

Dueña –dijo la vieja- yo lo veo a menudo:
es muy ancho de cuerpo, piernas fuertes, membrudo,
cabeza no pequeña, velloso, pescozudo,
el cuello no muy largo, pelinegro, orejudo:

las cejas separadas, negras como el carbón,
es erguido su andar, tiene aires de pavón;
muy firmes son sus pasos, y en buena dirección.
Tiene nariz muy larga, le falta proporción.

Las encías rojas y la voz grave,
la boca no pequeña, labios regulares,
más gruesos que delgados, rojos como el coral;
las espaldas muy anchas, las muñecas igual.

Sus ojos son pequeños, tirando a morenazo;
pectorales muy fuertes, muy fornido su brazo,
las piernas son perfectas; el pie, chico pedazo.
Señora, no vi más; su amor va en este abrazo.

 

Siglo XIV. Don Juan Manuel. Ejemplo XXXIV: de lo que aconteció a un ciego que guiaba a otro

Los primeros textos en prosa que aparecen en romance son breves narraciones de carácter histórico y escaso valor literario. A mediados del XIII aparecen obras más extensas, colecciones de cuentos ejemplares y colecciones de sentencias traducidas de obras orientales.

Quien verdaderamente impulsó la prosa romance fue Alfonso X, que creía que la difusión de la cutura en la lengua que hablaba la gente facilitaría su labor educadora. Se sirvió para ello de la Escuela de Traductores de Toledo, en la que reunió a destacados sabios musulmanes, cristianos y judíos. Bajo su dirección se escribieron diversas obras y se tradujeron otras. De esta manera, el castellano fue convirtiéndose en una lengua apta para tratar asuntos jurídicos, históricos y científicos, cosa que hasta ese momento estaba reservada para el latín, que era la lengua de transmisión de la cultura. El mismo rey habla así de su tarea: ” El rey hace un libro no porque lo escriba con sus manos, sino porque compone las razones de él, y las enmienda y endereza, y muestra la manera de como se deben hacer… Es como cuando decimos el rey hace un palacio, no se dice porque él lo haga con sus manos, sino porque él lo mandó hacer y dio las cosas necesarias para ello.

El infante don Juan Manuel le dio a la prosa castellana el carácter literario que le faltaba hasta entonces. Es el pricipal impulsor de la literatura castellana en prosa. Es noble y se muestra orgulloso de su posición social y de su valía política y literaria. Fue el primer autor español con una conciencia clara de escritor. Depositó una copia completa de sus obras en el monasterio de Peñafiel, con el fin de que se conservaran tal y como él las escribió, pero se perdieron en un incendio. Sus textos nos han llegado por medio de copias y muchos de ellos se han perdido definitivamente.

Don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X el Sabio, es un autor original, no traduce de otros, sino que las crea personalmente. Aunque se inspira en diversas fuentes, árabes y cristianas, él las recrea. En sus escritos trata de ser claro y conciso, busca la perfección formal y la belleza, al mismo tiempo que pretende instruir.

El Conde Lucanores la obra más conocida del autor. Se trata de una colección de 51 cuentos que responden a la misma idea: un joven conde, Lucanor, le plantea a su siervo, Patronio, sus dudas acerca de cuestiones diversas; su siervo le responde mediante ejemplos que contienen una moraleja. Pertenecen estos cuentos a la tradición literaria medieval del “Speculum Principis” (espejo o modelo del príncipe, es decir, enseñanza del príncipe en el arte de gobernar).

Los cuentos son muy variados y proceden de diversas fuentes, desde fábulas clásicas hasta relatos de los Evangelios, pasando por cuentos orientales. Pero él no los copia, sino que los recrea con gran maestría.

Los temas son muy diferentes, aunque predominan los problemas que afectan a la honra y a la buena fama de las personas, que han de luchar para defenderse de las agresiones de sus semejantes. “Este libro lo hizo don Juan, hijo del muy noble infante don Manuel, deseando que los hombres hiciesen en este mundo tales obras que les fuesen provechosas a las honras y a las haciendas y a sus estados, y fuesen allegados a la carrera porque pudiesen salvar las almas. Y puso en él los ejemplos más provechosos que él supo de las cosas que acaecieron, para que los hombres puedan hacer esto que dicho es.”

Los cuentos tienen una estructura fija que se repite en cada uno de ellos:

        DIÁLOGO En el diálogo inicial, Lucanor expone a su criado Patronio un problema y le pide consejo.
        CUENTO Patronio narra un cuento o relato relacionado con el tema planteado por el conde.
     APLICACIÓN Patronio hacer una aplicación del cuento al caso concreto planteado.
     MORALEJA Don Juan interviene e incluye una moraleja en forma de pareado.

 Don Juan Manuel fue el primer escritor que intentó crearse un estilo propio y personal, y se muestra especialmente celoso con su obra ante la actividad de los copistas, algo muy frecuente en la época:

“Como don Juan sabe que en los manuscritos hay muchos errores de copia, porque los copistas, al tomar una letra por otra, se confunden y mudan el sentido de los pasajes, y los lectores echan luego la culpa al autor de la obra, ruega a los que leyeren cualquier libro suyo que cuando encuentren alguna palabra mal puesta no le culpen a él hasta que vean el manuscrito que él mandó escribir y que está corregido en muchos lugares de su puño y letra.”


Ejemplo XXXIV. De lo que aconteció a un ciego que guiaba a otro

Otra vez hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, de esta guisa:

-Patronio, un mi pariente y amigo, de quien yo fío mucho y estoy seguro de que me ama verdaderamente, me aconseja que vaya a un lugar del que me recelo yo mucho. Y díceme él que no haya recelo ninguno; que antes tomaría él la muerte que yo tome ningún daño. Y ahora, ruégoos que me aconsejéis en esto.
-Señor conde Lucanor -dijo Patronio-, para este consejo mucho querría que supieseis lo que aconteció a un ciego con otro.
Y el conde le preguntó cómo había sido aquello.
y fue ciego. Y estando así ciego y pobre, vino a él otro ciego que moraba en aquella villa, y díjole que fuesen ambos a otra villa cerca de aquella y que pedirían por Dios y que habrían de qué mantenerse y sustentarse.
Y aquel ciego le dijo que sabía que en aquel camino de aquella villa que había pozos y barrancos y muy fuertes pasadas: y que se recelaba mucho de aquella ida.
Y el otro ciego le dijo que no hubiese recelo porque él se iría con él y lo pondría a salvo. Y tanto le aseguró y tantas pros le mostró en la ida, que el ciego creyó al otro ciego y fuéronse.
Y desde que llegaron a los lugares fuertes y peligrosos cayó el ciego que guiaba al otro, y no dejó por eso de caer el ciego que recelaba el camino.
Y vos, señor conde, si recelo habéis con razón y el hecho es peligroso, no os metáis en peligro por lo que vuestro pariente y amigo os dice, que antes morirá que vos toméis daño; porque muy poco os aprovecharía a vos que él muriese y vos tomaseis daño y murieseis.
Y el conde tuvo éste por buen consejo e hízolo así y hallóse en ello bien.
Y entendiendo don Juan que este ejemplo era bueno, hízolo escribir en este libro e hizo estos versos que dicen así:
Nunca te metas do hayas malandanza
aunque tu amigo te haga seguranza.