Las funciones del lenguaje

Sencillo, práctico y clarificador esquema sobre las funciones del lenguaje.

Propiedades del texto

Los seres humanos utilizamos textos muy variados para comunicarnos. Entendemos el enunciado como la estructura sintáctica delimitada entre pausas que tiene sentido completo. Convendría repasar la entrada a este blog relacionada con las unidades de la lengua. Algunos pueden llegar a ocupar páginas o, incluso, duran mucho tiempo (una conferencia); otros son más breves, como cuando conversamos, escribimos o mandamos un correo electrónico. Los hay que se reducen a un solo elemento (¡Hola!) Si unimos enunciados, nos encontraremos con un texto.

Sin embargo, para que un texto pueda ser una unidad comunicativa, no basta con que esté formado por oraciones. También es necesario que posea ciertas propiedades: un conjunto de oraciones se puede considerar texto solamente si cumple las propiedades de coherencia, cohesión y adecuación.

COHERENCIA
Los enunciados que componen un texto no se presentan como una lista arbitraria, sino en función de lo que se quiere expresar. Así, una oración puede ampliar, explicar, corregir o contrastar lo dicho en la anterior.

Hay coherencia en un texto si todas sus partes tratan de un mismo asunto que se desarrolla de manera lógica. Para que un texto sea coherente:
  • Debe responder a la situación comunicativa. Cuando hablamos o escribimos, lo hacemos con un propósito determinado: aconsejar, anunciar, argumentar, aseverar, autorizar, burlarse, censurar, conceder, convencer, condolerse, dar instrucciones, emocionar, invocar, describir, disculparse, elogiar, exponer, felicitar, invitar, informar, justificar (se), narrar, ordenar, prohibir, protestar, recriminar, reprochar, rogar, saludar, solicitar… No sería coherente, por ejemplo, ordenar a alguien que haga algo si no queremos dar la sensación de imposición. En tal caso, sería conveniente utilizar fórmulas del tipo: “¿Te importaría…?”. Tampoco sería coherente pedirle a tus padres que te dejen bajar a la calle por escrito.
  • La cantidad y la imprecisión pueden volver incoherente un texto. Se debe procurar ser preciso y claro: contar lo necesario para ser entendido. Ni más, ni menos. El volumen y el tono pueden convertir en incoherente un texto. 

¿Con qué función se utiliza el lenguaje según la acción verbal y su finalidad?

  • Para informar (función representativa).
  • Para influir en la conducta del destinatario (función apelativa).
  • Para expresar la actitud, sentimientos y deseos (función expresiva).
  • El lenguaje se emplea para facilitar el contacto entre el emisor y el receptor (función fática).
  • El lenguaje se usa para crear belleza en el mensaje (función poética).
  • El lenguaje se utiliza para hablar del propio código (función metalingüística).

Presuposiciones e implicaciones.

Las presuposiciones de un texto son el conjunto de proposiciones implícitas, es decir, aquellas que el emisor supone que su receptor conoce.

Si alguien dice “cierra la puerta”, implica que a) hay una puerta; b) está abierta, y c) el receptor puede cerrarla. Si no, el enunciado sería incoherente.

Conocimiento del mundo y marco.

En la coherencia de un enunciado influyen otros dos factores:

Conocimiento del mundo. El emisor y el receptor poseen un determinado conocimiento de la realidad. Desde esta perspectiva, un enunciado como el gato volaba cantando una canción resulta incoherente.

Marco. Engloba el tipo de texto, la finalidad y la situación comunicativa en que se emite un texto. Así, la incoherencia de la oración el gato volaba cantando una canción puede neutralizarse en un discurso como el literario.

COHESIÓN

La cohesión es la propiedad que permite al emisor organizar sus ideas contenidas en oraciones y párrafos, de forma lógica y ordenada, es decir, en una secuencia razonable de manera que el receptor del mensaje pueda comprender su sentido sin dificultad. Para vincular oraciones y párrafos utilizamos los mecanismos de cohesión. 

ADECUACIÓN

Un texto es adecuado cuando se integra en un determinado contexto o situación comunicativa en la que adquiere un significado concreto. Es adecuado sólo si el texto tiene sentido en las circunstancias determinadas en las que se da. La adecuación implica tener en cuenta algunas características:

  • Registro lingüístico: este concepto alude al modo de expresarse que se adopta según las circunstancias. Existen dos tipos de registros: formal e informal o coloquial

-Registro formal: se manifiesta mediante el uso de procedimientos para abrir o cerrar diálogos u otras intervenciones, en la utilización de fórmulas de tratamiento o de cortesía, en la inclusión de tecnicismos, en el cuidado de los textos, etc. Se suele usar cuando hablamos en público o con desconocidos. 

-Registro coloquial: es el que utilizamos habitualmente, independientemente de nuestro nivel cultural, en nuestra vida cotidiana. Incorpora elementos emotivos que reflejan los sentimientos del emisor. Se emplea frecuentemente entre amigos o familiares que conversan, muchas frases quedan inacabadas, hay una marcada espontaneidad y falta de elaboración: 

– Interjecciones: ¡Oh!, ¡Uf! 

– Formas verbales lexicalizadas: ¡Anda!, ¡Vaya! 

– Repeticiones: la peli estuvo bien bien. 

– Desorden lógico de la oración: el coche, no veas si anda. 

– Idiolectos (términos propios de grupos): Es guay, chachi… 

– Uso de diminutivos.

– Fórmulas de cortesía: existen situaciones en las que es obligado usar fórmulas de cortesía. Ante desconocidos, sobre todo si son personas mayores, debemos emplear, por ejemplo, formas de tratamiento (Usted, señor, señora, Don, Doña, etc.) y nunca abusar de la confianza. 

  • Lengua oral/lengua escrita. Según sea nuestra intención, emplearemos textos escritos u orales. No sería recomendable, por ejemplo, hacer una reclamación, matricularse en un gimnasio o firmar en un contrato de forma oral. 

-Registro vulgar: se caracteriza por el abuso dealgunos de los recursos o giros del habla coloquial y por una clara incapacidad del hablante para cambiar de registro:

– Confusión de consonantes: (abuja*), adición (amoto*), pérdida de vocales (delgazar*), consonantes (dormío*).

– Alteraciones de género: cuala*, la reuma*…

– Alteraciones verbales: contastes*, pusiendo*, conduciste*, veniba*…

Laísmo, leísmo, loísmo.

– Alteración de los pronombres personales: me se ha salido*

– Transposición o duplicación de la -n de plural en los pronombres enclíticos: callensen*, juntémosnos*.

– Dequeísmo: digo de que es peor*.

– Comparativos perifrásticos: más pequeño* por menor, más bien* por menor.

– Discordancia: se da como seguro la dimisión*

– Artículo que acompaña a nombres propios de personas: la Juana*, el Pedro*.

Debemos evitar el uso continuado del registro vulgar, pues contribuye a empobrecer nuestra competencia lingúística y comunicativa.

Sirvan como repaso estas conclusiones:

Un texto es coherente cuando todas sus partes tratan de un mismo asunto que se desarrolla, a lo largo de sus partes, de manera lógica. Para analizar la coherencia de un texto, debemos tener en cuenta:

  •  la cantidad de información: ¿se dicen todos los datos que se han de decir, no hay exceso de información ni defecto (lagunas en el significado, exceso de datos que el receptor no domina)?
  • La calidad de información: ¿las ideas son claras y comprensibles, se exponen de forma completa, progresiva y ordenada, con los ejemplos apropiados y la terminología específica? O, por el contrario, ¿se detectan ideas oscuras, fanta de concreción, enunciados muy genéricos o teóricos, o excesivamente anecdóticos?
  • La estucturación de la información: ¿los datos se estructuran lógicamente según un orden determinado (cronológico, espacial…)?, ¿Cada idea se desarrolla en un párrafo o en una unidad independiente?

Un texto está cohesionado cuando sus ideas, contenidas en oraciones y párrafos, están organizadas de forma lógica y ordenada, mediante conectores. No menos importantes son elementos relacionados con la cohesión y que apenas se tienen en cuenta: la entonación y la puntuación.

Un texto está adecuado cuando se integra en un determinado contexto o situación comunicativa en la que adquiere un significado concreto.

  • El texto debe conseguir el propósito comunicativo por el cual ha sido producido. Por ejemplo: informar de un hecho, exponer una opinión, solicitar algún punto, etc.
  • Se debe mantener el mismo nivel de formalidad, sea alto o bajo, durante todo el texto. Si la formalidad es alta, no debe haber ninguna expresión demasiado vulgar o coloquial y, por el contrario, si el tono, es de familiaridad, no deben aparecer palabras demasiado técnicas o cultas, y la sintaxis no debería ser excesivamente compleja.