Siglo XIV. Don Juan Manuel. Ejemplo XXXIV: de lo que aconteció a un ciego que guiaba a otro

Los primeros textos en prosa que aparecen en romance son breves narraciones de carácter histórico y escaso valor literario. A mediados del XIII aparecen obras más extensas, colecciones de cuentos ejemplares y colecciones de sentencias traducidas de obras orientales.

Quien verdaderamente impulsó la prosa romance fue Alfonso X, que creía que la difusión de la cutura en la lengua que hablaba la gente facilitaría su labor educadora. Se sirvió para ello de la Escuela de Traductores de Toledo, en la que reunió a destacados sabios musulmanes, cristianos y judíos. Bajo su dirección se escribieron diversas obras y se tradujeron otras. De esta manera, el castellano fue convirtiéndose en una lengua apta para tratar asuntos jurídicos, históricos y científicos, cosa que hasta ese momento estaba reservada para el latín, que era la lengua de transmisión de la cultura. El mismo rey habla así de su tarea: ” El rey hace un libro no porque lo escriba con sus manos, sino porque compone las razones de él, y las enmienda y endereza, y muestra la manera de como se deben hacer… Es como cuando decimos el rey hace un palacio, no se dice porque él lo haga con sus manos, sino porque él lo mandó hacer y dio las cosas necesarias para ello.

El infante don Juan Manuel le dio a la prosa castellana el carácter literario que le faltaba hasta entonces. Es el pricipal impulsor de la literatura castellana en prosa. Es noble y se muestra orgulloso de su posición social y de su valía política y literaria. Fue el primer autor español con una conciencia clara de escritor. Depositó una copia completa de sus obras en el monasterio de Peñafiel, con el fin de que se conservaran tal y como él las escribió, pero se perdieron en un incendio. Sus textos nos han llegado por medio de copias y muchos de ellos se han perdido definitivamente.

Don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X el Sabio, es un autor original, no traduce de otros, sino que las crea personalmente. Aunque se inspira en diversas fuentes, árabes y cristianas, él las recrea. En sus escritos trata de ser claro y conciso, busca la perfección formal y la belleza, al mismo tiempo que pretende instruir.

El Conde Lucanores la obra más conocida del autor. Se trata de una colección de 51 cuentos que responden a la misma idea: un joven conde, Lucanor, le plantea a su siervo, Patronio, sus dudas acerca de cuestiones diversas; su siervo le responde mediante ejemplos que contienen una moraleja. Pertenecen estos cuentos a la tradición literaria medieval del “Speculum Principis” (espejo o modelo del príncipe, es decir, enseñanza del príncipe en el arte de gobernar).

Los cuentos son muy variados y proceden de diversas fuentes, desde fábulas clásicas hasta relatos de los Evangelios, pasando por cuentos orientales. Pero él no los copia, sino que los recrea con gran maestría.

Los temas son muy diferentes, aunque predominan los problemas que afectan a la honra y a la buena fama de las personas, que han de luchar para defenderse de las agresiones de sus semejantes. “Este libro lo hizo don Juan, hijo del muy noble infante don Manuel, deseando que los hombres hiciesen en este mundo tales obras que les fuesen provechosas a las honras y a las haciendas y a sus estados, y fuesen allegados a la carrera porque pudiesen salvar las almas. Y puso en él los ejemplos más provechosos que él supo de las cosas que acaecieron, para que los hombres puedan hacer esto que dicho es.”

Los cuentos tienen una estructura fija que se repite en cada uno de ellos:

        DIÁLOGO En el diálogo inicial, Lucanor expone a su criado Patronio un problema y le pide consejo.
        CUENTO Patronio narra un cuento o relato relacionado con el tema planteado por el conde.
     APLICACIÓN Patronio hacer una aplicación del cuento al caso concreto planteado.
     MORALEJA Don Juan interviene e incluye una moraleja en forma de pareado.

 Don Juan Manuel fue el primer escritor que intentó crearse un estilo propio y personal, y se muestra especialmente celoso con su obra ante la actividad de los copistas, algo muy frecuente en la época:

“Como don Juan sabe que en los manuscritos hay muchos errores de copia, porque los copistas, al tomar una letra por otra, se confunden y mudan el sentido de los pasajes, y los lectores echan luego la culpa al autor de la obra, ruega a los que leyeren cualquier libro suyo que cuando encuentren alguna palabra mal puesta no le culpen a él hasta que vean el manuscrito que él mandó escribir y que está corregido en muchos lugares de su puño y letra.”


Ejemplo XXXIV. De lo que aconteció a un ciego que guiaba a otro

Otra vez hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, de esta guisa:

-Patronio, un mi pariente y amigo, de quien yo fío mucho y estoy seguro de que me ama verdaderamente, me aconseja que vaya a un lugar del que me recelo yo mucho. Y díceme él que no haya recelo ninguno; que antes tomaría él la muerte que yo tome ningún daño. Y ahora, ruégoos que me aconsejéis en esto.
-Señor conde Lucanor -dijo Patronio-, para este consejo mucho querría que supieseis lo que aconteció a un ciego con otro.
Y el conde le preguntó cómo había sido aquello.
y fue ciego. Y estando así ciego y pobre, vino a él otro ciego que moraba en aquella villa, y díjole que fuesen ambos a otra villa cerca de aquella y que pedirían por Dios y que habrían de qué mantenerse y sustentarse.
Y aquel ciego le dijo que sabía que en aquel camino de aquella villa que había pozos y barrancos y muy fuertes pasadas: y que se recelaba mucho de aquella ida.
Y el otro ciego le dijo que no hubiese recelo porque él se iría con él y lo pondría a salvo. Y tanto le aseguró y tantas pros le mostró en la ida, que el ciego creyó al otro ciego y fuéronse.
Y desde que llegaron a los lugares fuertes y peligrosos cayó el ciego que guiaba al otro, y no dejó por eso de caer el ciego que recelaba el camino.
Y vos, señor conde, si recelo habéis con razón y el hecho es peligroso, no os metáis en peligro por lo que vuestro pariente y amigo os dice, que antes morirá que vos toméis daño; porque muy poco os aprovecharía a vos que él muriese y vos tomaseis daño y murieseis.
Y el conde tuvo éste por buen consejo e hízolo así y hallóse en ello bien.
Y entendiendo don Juan que este ejemplo era bueno, hízolo escribir en este libro e hizo estos versos que dicen así:
Nunca te metas do hayas malandanza
aunque tu amigo te haga seguranza.
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