El valor de una moneda…

Es un artículo de opinión escrito para El gallo blanco, revista de difusión gratuita de la que, por cierto, soy su director (¿Por qué no decirlo?). Una tirada de 700 ejemplares para un pueblo de 4.000 hbitantes, aproximadamente, no está mal. Remarco un detalle: tirada y difusión gratuita. Muy pocos objetivos están fuera del alcance de uno cuando se trabaja desde la confianza en un proyecto. Aquí os presento mi artículo:

EL VALOR DE UNA MONEDA

Puede que no nos agachemos a por ella, puede que ni la esperemos en un cambio pero, hasta las de un céntimo, guardan valor. Y su valor no reside en una asignación económica, sino en el destino que deseemos darle. Os cuento una anécdota: Paseaba por la ciudad y decidí, de manera precipitada, comprar un euromillón. Me dirigí a la administración más cercana y…cerrada. Metí el dinero en el bolsillo, pero no duró mucho en él, pues a escasos metros, encontré a una persona con un cartón rotulado con la siguiente leyenda: algo para comer.

Decidí depositar aquellas monedas en una canastita, situada entre sus piernas, monedas destinadas a una quiniela, acción que hubiera conseguido tras una fría ejecución y un intercambio casi nulo de palabras y, si hubiera proferido algunas, mercantilistas. No me cabe duda.

Mientras yo dirigía mi mano hacia la canasta, aquel hombre fijaba su vista hacia mi cara, sin prestar la más mínima atención a lo que depositaba en su canastita; juntó las palmas de sus manos y exclamó: ¡Gracias!, ¡Gracias!, ¡Gracias!… Ahí residió el valor de mis monedas. Fue tal la sensación de aquella mirada y palabras que bendije la hora en que me encontré aquella administración cerrada.

Los hechos cotidianos hacen que restemos importancia a acciones cargadas de sensibilidad, sentimentalismo o bienestar personal, pues quedan todas ellas olvidadas, soslayadas o, incluso, no contempladas como existentes: ¿Habéis pensado alguna vez, por casualidad, que no todo el mundo puede disfrutar, ese mágico 6 de enero, de un regalo? Más aún, ¿comer un plato de comida (ya no digo un primer y un segundo plato) cada día? ¿Y tener ropa para cambiarse?

Acciones sociales no hay tantas como chalecos o pantalones: no asociemos el valor del dinero a una cantidad económica, sino al gesto que podáis extraer de él. Los secretos cobran importancia cuando tenemos alguien llamado amigo a quien contárselo; el cariño, cuando nos dejan mostrarlo.

¿Dinero? se va, viene, vuelve a irse…y sigue siendo el mismo: dinero. Con él se pueden adquirir muchas cosas. Casi todo. Pero nunca habrá suficiente para comprar un beso de una madre, un apretón de manos entre padre e hijo, la ropa planchada, esos centímetros de manta que de madrugada es subida hasta el cuello por alguien que entra en nuestra habitación para ver si dormimos bien, esa leche calentita, un trocito de bocadillo compartido por uno de nuestros mejores amigos, un termómetro puesto en la axila, esas horas delante de una olla para poder escuchar luego:-está buenísima-, una lágrima que cae ante una emoción fuerte… porque no hay dinero en el mundo que pueda comprar eso.

Imploro desde este artículo a que contribuyamos a una sociedad más solidaria y que hagamos, entre todos, un mundo menos injusto. Valoremos los detalles que creemos que pueden ser insignificantes por tenerlos a diario; Ayudemos a quienes creamos que lo necesiten sin esperar nada a cambio. El verdadero valor de la moneda es que no cuesta dinero ser buena persona. Intentémoslo, tenemos mucho que ganar, y poco que perder.

Rafael Rodríguez Olmo.

He de decir que no escribo para gustarle a nadie; sólo pretendo que me guste a mí. Si, además, mi manera de escribir (y/o pensar) coincide con quienes me leéis, mejor.

En breves horas escribiré una nueva entrada.

Un abrazo a todos.

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Un pensamiento en “El valor de una moneda…

  1. Qué el dinero no de según tus palabras ( y enumero):

    1. Un beso de una madre,
    2. Un apretón de manos entre padre e hijo,
    3. La ropa planchada,
    4. Esos centímetros de manta que de madrugada es subida hasta el cuello por alguien que entra en nuestra habitación para ver si dormimos bien,
    5. Esa leche calentita.
    6. Un trocito de bocadillo compartido por uno de nuestros mejores amigos,
    7. Un termómetro puesto en la axila.
    8. Esas horas delante de una olla para poder escuchar luego:-está buenísima-
    9. Una lágrima que cae ante una emoción fuerte.

    Me parece de una insensatez tan extrema que rompe el texto de manera abrupta.

    La finalidad de un vagabundo es pedir. Al igual que la de un transeúnte, es darle.

    La enumeración parece estar definida por un individuo de corte masónico, que quiere estar indefinidamente resguardado en el seno familiar, como animal insano que no es capaz de cazar ni alimentarse por sí mismo.

    Es uno mismo al que el dinero no debe corromper. Al que no se debe “deber”. Pero no por esa enumeración que huele a los valores que el inmanente carácter nacional-católico conservador mariano hispalense-español.

    En fin, VIVA EL CAPITAL VIVA EL MAL. como capitaneaba nuestra gran brujita.

    Difícil boda iba a ver yo, sin pelas. eh! jejeje

    Un fuerte abrazo, colega de letras.

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