El libro, una relación personal

Es parte de la historia cultural el hecho que siempre una tecnología nueva amenaza con devorarse a las anteriores. Las sentencias lapidarias sobre el destino de la radio cuando surgió la televisión; de la TV por cable cuando surgió la satelital, de los CD´s de mano de la música digital, etc, reflejan tensiones que se fueron produciendo entre nuevos y viejos objetos culturales, pero lo cierto es que éstos defienden su existencia a través del uso cotidiano, de la incorporación natural a nuestras vidas, y operan mas por inclusión e influencia mutua que por reemplazo.Hay lugares donde la calidez de un libro de papel nos acompaña como ningún otro objeto. Ese libro en la cartera, que nos rescata de la inútil tarea de colas en bancos, cajeros y supermercados, o en grises oficinas públicas donde esperamos ser atendidos.El viaje en subte o tren, acompañado por un libro, apretujados, agarrados con una sola mano, aún ante el peligro de caernos, borran un entorno gris y alienante.Una buena o entretenida lectura, nos permite construirnos aún en el medio de la vorágine cotidiana.Ir y volver sobre sus páginas, sentir que nos están esperando, que se abren a nuestros deseos como conociéndolo de ante mano.

Un libro es un amigo que nuestras manos agarran ansiosas. Ese libro que tiene de único el ser nuestro, el que estamos leyendo, se deja llevar y leer en cualquier circunstancia.

En el Libro virtual falta la relación carnal, la transmisión mutua de emociones, del libro a nosotros, de nosotros al libro.Ese libro virtual que se nos ofrece –bienvenido, si amplia las posibilidades de cultura y conocimiento para millones -, no es único. Es un ente, no es el nuestro. ES, pero sin nosotros.Al libro electrónico no le interesa quién lo consulte. Cuando volvemos a él, sigue siendo siempre el mismo texto, de intangible y de gélida eficacia. No lleva marcas, nadie pasó por él.Él libro de carne de papel establece en cambio, una relación personal con nosotros.Cuando volvemos a abrir sus páginas siempre es distinto y nos sorprendemos también al hallar una persona diferente a la que alguna vez sentimos que éramos leyendo esas páginas.Entre el libro y nosotros se da una transformación mutua: del libro que acepta gustoso que le dejemos en él parte de nuestra humanidad, y nos devuelve nuestras emociones que sólo él conoce de nosotros.

Permítanme agregar a este debate una frase que tal vez zanje kilómetros de tinta, de opiniones y vaticinios:

“ El libro nunca va a ser reemplazado por una computadora, porque el hombre lo puede abrazar como a un niño”.

Ray Bradbury.

Fuente: http://venialeer.blogspot.com/

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